Creencias, mi forma de ver la vida

creenciasTienen algo de perverso, cuando tengo una creencia, cualquier información nueva que me podría ayudar a cuestionarla, la desecho por irrelevante, por el contrario, aquella que la valida, la hago mía como si fuera el mayor de los dogmas, la más cierta de las informaciones, ¿os suena?

Nuestro cerebro está hecho para optimizar, de ese modo, damos por ciertas afirmaciones que ni de lejos resistirían el más mínimo de los análisis, por ejemplo, para una persona de mi generación (Baby Boomer), la frase “los hombres no lloran”, puede sonarle como la más contundente de las verdades, ¿qué precio pagué por ella?.

Esta ha sido una frase  que ha martirizado a los hombres de mi generación durante años, algo que se fue fraguando culturalmente y que ni por asomo nos llegábamos a cuestionar, y hablo en plural tras contrastarlo con distintas personas.

Algunas de estas verdades elevadas a la categoría de dogma, ayudan, digamos que potencian determinadas actitudes que, al menos en una parte de la vida, me ayudan a alcanzar ciertos retos otras, por el contrario, me limitan y lastran mi desarrollo, llegando a ocasionarme perjuicios notables.

El ejemplo que he puesto es muy simple pero, ¿y si planteo otras creencias del tipo “no soy capaz” “con esto no puedo” “no lo merezco”, etc.?, quizás más sibilinas, más entroncadas en capacidades personales.

Algunas de estas creencias se asemejan a las consecuencias de una gotera tras el aguacero, va calando en la pared, va haciendo un surco en mi pensamiento y, cuando me quiero dar cuenta, ese surco ya es tan profundo que resultará tremendamente costoso, primero identificarla y, después, transformarla.

¿Cómo cambia mi vida cuando soy capaz de parar por un momento y cuestionarme esas verdades? ¿Qué hay de cierto en aquello? ¿qué precio es el que estoy pagando por ello?, estas podrían ser preguntas cuyas respuestas ayuden a despejar la incógnita.

¿De verdad es así?

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Acerca de koakura

Mi pasión coincide con mi profesión, el desarrollo de Personas y Equipos, a través de herramientas diversas como el Coaching, ya sea Ejecutivo, de Vida o de Equipos, la Dinamización de Equipos, la Formación experiencial o cualquier otra. Inicié mi carrera profesional en 1986 y, desde entonces, he ocupado todo tipo de posiciones en el ámbito empresarial, desde promotor hasta miembro del Comité de Dirección, Gerente y Socio en una Consultora de ámbito internacional, aunque me defino como una persona que acompaña a otras en su tránsito allá donde quieran ir, ya sea de forma individual o en Equipo. Estoy convencido del potencial infinito del ser humano, así que en cada intervención percibo crecimiento y el impacto que este causa en el entorno; y si el potencial del ser humano es infinito, cuando son varias las personas que se unen con un fin común, el horizonte es aún más esperanzador, ya que el potencial se multiplica exponencialmente.
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