Vagar sin rumbo

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Fotos: Jordi Vilá

Es una sensación bien placentera, erguirse y echar a andar por el camino que sea, las calles de una ciudad, la arena de una playa, los senderos de un bosque o cualquier escenario que nos resulte inspirador, y lo mismo ocurre en el devenir de la vida, momentos en los que me abandono y simplemente vago sin un destino definido, abierto a todo aquello que llegue.

Mil veces ha ocurrido esto y mil veces más ocurrirá, un suceso enriquecedor sin duda cuando es buscado y peligroso cuando ocurre de un modo inconsciente o sin que sepamos salir de ello ya que, entonces y como enunció Seneca, “ningún viento es favorable para quién no sabe dónde va”

Dejarse ir de un modo consciente abre todas las barreras, permite a la mente y a las emociones surgir y ofrecer nueva información que será de gran utilidad al volver a fijar el rumbo.

¿Qué es lo que quiero? ¿adónde me dirijo? Preguntas muy simples que en ocasiones devienen complejas y, como apuntaba en un escrito anterior, no se trata de responder con simples “sé lo que no quiero” o “a cualquier lugar”, dado que eso entraña el riesgo de quedarme con un sucedáneo de lo que realmente quiero y aparecer en un lugar que me es indiferente.

La verdad, quiero saber qué es lo que quiero, conocer mi objetivo, mi meta para, de ese modo, poder marcar un itinerario que cambiaré en función de las circunstancias, no se trata de rigidez, se trata de no aparecer en Atenas cuando mi destino era Bogotá, una simple cuestión de eficiencia y efectividad.

No debo conformarme con el victimismo del “no sé”, a corto plazo es un buen refugio, sin duda alguna, a la larga supone el más duro de los yugos, como lo es “sé lo que  no quiero”

¿Elijo ir sin rumbo o quiero saber dónde voy?

Acerca de koakura

Mi pasión coincide con mi profesión, el desarrollo de Personas y Equipos, a través de herramientas diversas como el Coaching, ya sea Ejecutivo, de Vida o de Equipos, la Dinamización de Equipos, la Formación experiencial o cualquier otra. Inicié mi carrera profesional en 1986 y, desde entonces, he ocupado todo tipo de posiciones en el ámbito empresarial, desde promotor hasta miembro del Comité de Dirección, Gerente y Socio en una Consultora de ámbito internacional, aunque me defino como una persona que acompaña a otras en su tránsito allá donde quieran ir, ya sea de forma individual o en Equipo. Estoy convencido del potencial infinito del ser humano, así que en cada intervención percibo crecimiento y el impacto que este causa en el entorno; y si el potencial del ser humano es infinito, cuando son varias las personas que se unen con un fin común, el horizonte es aún más esperanzador, ya que el potencial se multiplica exponencialmente.
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