Cartas desde el desierto 1 de 2

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Fotos: Jordi Vilá

Camino por el desierto en una hora temprana de la mañana, aún hay ruido, mucho ruido, sobre todo el que llega de mi interior, angustias, preocupaciones, miedos y sí, también ilusiones, y no obstante ruido.

Voy avanzando mis pasos, poniendo consciencia en mi pensamiento, dejando que llegue y dejando que se vaya, y así ese ruido va desapareciendo, y entonces solo quedamos el desierto y yo, solo oigo mis pasos, la arena bajo mis zapatos, me detengo y escucho con atención el silencio, y entonces es cuando realmente el ruido desaparece y me encuentro conmigo mismo.

Este es un momento especial, solo conmigo, ya no hay miedos, tan solo es el momento, desde aquí me acepto, desde aquí todo es posible.

Este es el momento que andaba buscando, el momento en que pudiera encontrarme frente a mi, sin los ruidos cotidianos de dentro y de fuera, y entonces me disculpo por todo aquello con lo que me hubiera herido, y me disculpo ante los otros por el daño que hubiera podido causar, y todo está bien, todo se coloca en su lugar, sin ser forzado.

Quiero darme cuenta de mis pasos, de mi respiración, del calor, y así me voy despojando de capas de ropa que me daban su abrigo, y siento que son las capas de las que, poco a poco, me voy liberando, ¿qué relación tienen con el momento que vivo?

El calor aprieta, la sed se hace presente y siento el líquido en la boca, su frescor y humedad que me hidrata, y de nuevo siento que todo está donde debe estar, siento que formo parte de algo mucho mayor que yo mismo.

El sol está alto cuando escucho el sonido del agua, avanzo hasta ella y encuentro un riachuelo, un riachuelo que desafía la grandeza del desierto, y de nuevo siento que, si el agua puede surgir aquí, realmente todo es posible, da permiso a la vida, a una tosca vegetación que surge en sus veredas.

Sumerjo las manos y el agua está realmente fría, mojo mi cara y siento que el universo me ofrece los recursos necesarios para seguir avanzando, para formar parte de él, para ir más allá.

Por fin llego a mi destino y siento la renovación, ¿qué poso dejó en mi este paseo por el desierto?

Acerca de koakura

Mi pasión coincide con mi profesión, el desarrollo de Personas y Equipos, a través de herramientas diversas como el Coaching, ya sea Ejecutivo, de Vida o de Equipos, la Dinamización de Equipos, la Formación experiencial o cualquier otra. Inicié mi carrera profesional en 1986 y, desde entonces, he ocupado todo tipo de posiciones en el ámbito empresarial, desde promotor hasta miembro del Comité de Dirección, Gerente y Socio en una Consultora de ámbito internacional, aunque me defino como una persona que acompaña a otras en su tránsito allá donde quieran ir, ya sea de forma individual o en Equipo. Estoy convencido del potencial infinito del ser humano, así que en cada intervención percibo crecimiento y el impacto que este causa en el entorno; y si el potencial del ser humano es infinito, cuando son varias las personas que se unen con un fin común, el horizonte es aún más esperanzador, ya que el potencial se multiplica exponencialmente.
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Una respuesta a Cartas desde el desierto 1 de 2

  1. Judith Aparicio dijo:

    Segueix escrivint així!! m’encanta!! gràcies Judith

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