Certidumbre de la incertidumbre

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Fotos: Jordi Vilá

Anteayer tenía la certeza de que ayer mi agenda sería de un modo, la realidad de ayer se parecía poco a lo que parecía inamovible tan solo un día antes, no contaba con esto, ni con aquello, ni con lo de más allá, la realidad puede asemejarse poco a lo imaginado, ¿mejor o peor?, simplemente distinto.

Cada vez me muevo mejor surfeando entre la incertidumbre que, al fin y a la postre, es lo único cierto, bueno, eso y el cambio, lo único inmutable.

Antes esa incertidumbre me traía por el mal camino, necesitaba todo el control del mundo, sin darme cuenta de la falacia de ello, los hechos serán los que sean y lo único que depende de mi es la respuesta que a ellos les de, ni más ni menos.

Por otro lado, ¿control o gestión?, querer controlar se asemejaría a la rigidez, querer gestionar supondría fluir con lo que acontezca, independientemente de que se cumplan las previsiones.

La gran diferencia estriba en quedar bloqueado o simplemente tomar como un reto aquello que, a cada minuto, tiene diferencias con lo imaginado, incluso de forma sesuda y analítica.

Entonces, ¿no hay que planificar?, sí, hay que planificar, y hacerlo con el mayor de los rigores, aunque siendo conscientes de que no hay planificación infalible porque son demasiadas las variables a contemplar, y no todas ellas son visibles.

Aprender a navegar en aguas inciertas, a cambiar las velas cuando sea necesario, a tomar los remos o echar el ancla si eso es lo necesario cuando el viento cambia de orientación.

Tomar los sucesos como un regalo, fluir con lo que haya y huir de la rigidez mental, esas pueden ser las recetas contra la frustración del cambio sobre lo previsto.

La vista se acostumbra a la penumbra, incluso a la más absoluta oscuridad, aunque para ello voy a necesitar entrar en una fase de serenidad interior que me permita adoptar tal postura y, entonces y solo entonces, mi visión podrá ver incluso en esa niebla espesa que me pudiera rodear.

¿Incertidumbre?, no, solo la certidumbre de que lo que existe es el cambio continuado.

Acerca de koakura

Mi pasión coincide con mi profesión, el desarrollo de Personas y Equipos, a través de herramientas diversas como el Coaching, ya sea Ejecutivo, de Vida o de Equipos, la Dinamización de Equipos, la Formación experiencial o cualquier otra. Inicié mi carrera profesional en 1986 y, desde entonces, he ocupado todo tipo de posiciones en el ámbito empresarial, desde promotor hasta miembro del Comité de Dirección, Gerente y Socio en una Consultora de ámbito internacional, aunque me defino como una persona que acompaña a otras en su tránsito allá donde quieran ir, ya sea de forma individual o en Equipo. Estoy convencido del potencial infinito del ser humano, así que en cada intervención percibo crecimiento y el impacto que este causa en el entorno; y si el potencial del ser humano es infinito, cuando son varias las personas que se unen con un fin común, el horizonte es aún más esperanzador, ya que el potencial se multiplica exponencialmente.
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