¿Mis ideas o las suyas?

debate-oficina

Fotos: Pixabay

Es algo contrastado, no ya a nivel de estudios, que también, sino a nivel personal, tanto en equipos a los que he tenido el privilegio de liderar, como en la narración que de sus experiencias me han hecho otros directivos.

Tenía propensión a pensar que la mía era la mejor, la más valiosa y la que mejores resultados iba a aportar, hasta que un buen día hice un descubrimiento que, por obvio, se escondía tras las capas de mi cabezonería.

Para un proyecto concreto que iba a liderar una colaboradora, ella tenía su forma de ver las cosas y yo tenía la mía y en aquella ocasión, no preguntes por qué, tras el debate apasionado, decidí que si estaba convencida de su idea, la pusiera en práctica, a fin de cuentas ella iba a gestionar las consecuencias que de la actuación se derivaran.

Dicho y hecho, no puso el 100% sino el 1000%, la idea era suya y, por tanto, ni que fuera por hacerme ver la bondad de sus razonamientos, eso iba a salir bien. No sé que tal hubiera sido implementar mi punto de vista, ni tan siquiera años después me importa demasiado, porque en la forma que lo hicimos, funcionó mejor de lo esperado.

¿Aprendizaje? su idea, fuera mejor o peor, tenía mucha más potencia que la mía, especialmente porque era suya y suyo era el proyecto y las consecuencias.

Con eso he vivido a partir de entonces, las personas capaces de defender con criterio su forma de ver las cosas, desde el debate, no desde la discusión, con apertura mental, aceptando las miradas de otros con humildad y no con sumisión, son el mejor valor con que puede contar una organización.

Tan solo cuento con una mirada, la mía y, por tanto, si incorporo la de otros la riqueza está asegurada, aunque para ello tengo que dejar miedo, soberbia y ego en la puerta ya que esa colaboración es su principal enemigo.

Después de leer estas líneas puedes seguir pensando que tienes razón o puedes pensar que quizás el otro modo de hacer las cosas también pueda ser el adecuado, incluso más.

¿Lo probamos?

Acerca de koakura

Mi pasión coincide con mi profesión, el desarrollo de Personas y Equipos, a través de herramientas diversas como el Coaching, ya sea Ejecutivo, de Vida o de Equipos, la Dinamización de Equipos, la Formación experiencial o cualquier otra. Inicié mi carrera profesional en 1986 y, desde entonces, he ocupado todo tipo de posiciones en el ámbito empresarial, desde promotor hasta miembro del Comité de Dirección, Gerente y Socio en una Consultora de ámbito internacional, aunque me defino como una persona que acompaña a otras en su tránsito allá donde quieran ir, ya sea de forma individual o en Equipo. Estoy convencido del potencial infinito del ser humano, así que en cada intervención percibo crecimiento y el impacto que este causa en el entorno; y si el potencial del ser humano es infinito, cuando son varias las personas que se unen con un fin común, el horizonte es aún más esperanzador, ya que el potencial se multiplica exponencialmente.
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