Suerte, ¿para quién?

Iba esta misma mañana por la calle, conduciendo la moto y, estando parado en un semáforo, he visto a una niña con una disfunción que parecía neuronal, con un joven de veintipocos años, con muy buena planta. Mi primer pensamiento ha sido “que suerte tiene esta chica”, hasta que la verdad me ha dado un fogonazo en mi intelecto.

Esta chica no tiene suerte, o por lo menos no la suerte en la que yo pensaba, es a él a quien le ha tocado la lotería, el gordo de Navidad y la primitiva todo en uno, al menos a la vista de su postura corporal y de su lenguaje no verbal. Iba sonriendo, le ha acariciado la cabeza a su acompañante, en un gesto cargado de cariño, mientras le susurraba algo al oído.

Este hombre en ciernes tenía la inmensa suerte de conocer el amor sin limites con el que le regalaba la chiquita que estaba con él; evidentemente, no puedo conocer el grado de relación que había entre uno y otro, si de parentesco, de amistad, de voluntariado o cualquier otro, pero lo que estaba claro es que estaba haciendo algo que le colmaba, que le hacía sentirse pleno.

La verdad es que esa reflexión me llevó a pensar que muchas veces vemos las cosas en un orden invertido, sin percibir las joyas que la naturaleza nos ofrece, quizás ciegos ante su belleza, quizás sordos ante el mensaje que a gritos nos lanza, quizás, simplemente ignorantes porque no estamos preparados para semejante presente.

Me han venido a la cabeza charlas con padres de niños con síndrome de Down que, lejos de despotricar por su suerte y caer en el victimismo simplista, agradecen el regalo recibido del universo al poder vivir la experiencia de ser los encargados de acompañar a unos hijos como los suyos.

Otro día, un sábado por la tarde, en un paseo por el barrio de Gracia de Barcelona, vi a dos chicas jóvenes, de unos veintitantos años, acompañando a un grupito de chicos con parálisis cerebral. Se les veía felices a los unos y a las otras, cómplices en ellos mismos, compartiendo una jornada de sol, tranquilidad y un montón de risas.

Esa ha sido la suerte que he tenido esta mañana estando parado en un semáforo, darme cuenta del lugar en el que se encontraba la fortuna.

¿Dónde está la suerte?

Acerca de koakura

Mi pasión coincide con mi profesión, el desarrollo de Personas y Equipos, a través de herramientas diversas como el Coaching, ya sea Ejecutivo, de Vida o de Equipos, la Dinamización de Equipos, la Formación experiencial o cualquier otra. Inicié mi carrera profesional en 1986 y, desde entonces, he ocupado todo tipo de posiciones en el ámbito empresarial, desde promotor hasta miembro del Comité de Dirección, Gerente y Socio en una Consultora de ámbito internacional, aunque me defino como una persona que acompaña a otras en su tránsito allá donde quieran ir, ya sea de forma individual o en Equipo. Estoy convencido del potencial infinito del ser humano, así que en cada intervención percibo crecimiento y el impacto que este causa en el entorno; y si el potencial del ser humano es infinito, cuando son varias las personas que se unen con un fin común, el horizonte es aún más esperanzador, ya que el potencial se multiplica exponencialmente.
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2 respuestas a Suerte, ¿para quién?

  1. Jordi dijo:

    Fantàstiques reflexions Jordi.

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