Desde la soberbia hacia la humildad

La humildad la rige la esencia, la soberbia el personaje, la máscara que queremos mostrar a los demás. La humildad requiere, como no, una mayor confianza en ti mismo, una mayor seguridad en que eres quien quieres ser o vas camino a ello.

A través de la humildad muestras tu verdadero ser, sin miedo a que otros vean tu vulnerabilidad, conoces bien tus fortalezas como conoces tus debilidades, consciente de las enormes posibilidades de tu potencial. No es pusilanimidad, es precisamente lo contrario, fortaleza a prueba de egos, a prueba de personajes.

Es cierto que tienta la soberbia, que es difícil vivir con humildad, acostumbrados como estamos a una sociedad en la que somos valorados, en gran medida, por lo que tenemos, el rol que ocupamos o los círculos en los que nos movemos, por lo que resulta más seguro, menos complejo, colocarnos nuestro disfraz del personaje, nuestra máscara…hasta que probamos las mieles de nuestra propia esencia, donde todo surge de forma natural, sin fingimiento alguno, transparente y auténtico.

Imagina por un momento mostrarte como eres en todo momento, lo cual no quiere decir mostrarte irrespetuoso con otras culturas o tradiciones si no amoldarte a ellas desde tu propio ser, permitiendo que otros vean en ti toda tu luz, pero también tus sombras.

Tengo que reconocer que la soberbia cansa, que tener que ir todo el día con la máscara puesta es tremendamente agotador, pese a los teóricos beneficios que de ello puedo obtener; por el contrario, la autenticidad, la humildad, proporciona la tranquilidad que da el saber que hay determinados aspectos que carecen de importancia para nosotros y que, precisamente por ello, podemos prescindir.

Francamente, quiero mirarme al espejo y reconocerme en mi, no ver a aquel al que otros quieren ver.

La transición de un estado a otro no es rápida y resulta compleja, pero los frutos que se recogen son auténtico alimento para nuestra esencia. Solo te propongo que lo pruebes, que hagas de ello tu experimento y que luego nos cuentes, quizás en estas páginas, o tal vez tan solo al viento, sabedor de que el mensaje nos llegará en forma de un nuevo ser mostrándose a sí mismo, ¿aceptas el reto?

Acerca de koakura

Mi pasión coincide con mi profesión, el desarrollo de Personas y Equipos, a través de herramientas diversas como el Coaching, ya sea Ejecutivo, de Vida o de Equipos, la Dinamización de Equipos, la Formación experiencial o cualquier otra. Inicié mi carrera profesional en 1986 y, desde entonces, he ocupado todo tipo de posiciones en el ámbito empresarial, desde promotor hasta miembro del Comité de Dirección, Gerente y Socio en una Consultora de ámbito internacional, aunque me defino como una persona que acompaña a otras en su tránsito allá donde quieran ir, ya sea de forma individual o en Equipo. Estoy convencido del potencial infinito del ser humano, así que en cada intervención percibo crecimiento y el impacto que este causa en el entorno; y si el potencial del ser humano es infinito, cuando son varias las personas que se unen con un fin común, el horizonte es aún más esperanzador, ya que el potencial se multiplica exponencialmente.
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2 respuestas a Desde la soberbia hacia la humildad

  1. Luisa dijo:

    Precioso!
    Más aún cuando me llega su lectura en plena transición hasta esa humildad que rige la esencia a traves de la aceptación y el perdón de uno mismo.
    Pero lo maravilloso es que cuando llegas a eso, al centro de ti mismo en realidad, el mundo se abre a ti y te trae todo cuanto necesitas.

    La vida es un maravilloso milagro!

    Un abrazo!

    • koakura dijo:

      Muy buenos días Luisa,

      Si señora, es tal cual lo cuentas, pero es muy diferente vivirlo, como te estás ocurriendo a ti ahora, que leerlo, así que animo a todo el mundo a experimentarlo.

      Por otro lado, que razón tienes cuando dices que la vida es un maravilloso milagro, aunque a veces pueda parecernos un tortuoso camino, esos baches siempre se tornan aprendizaje.

      Gracias por tu comentario que enriquece estas líneas del post.

      Otro abrazo grande para una heroína cotidiana, como nos diría Pilar Jericó

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